Desde que el sistema de Diseño Humano fue dado a conocer a partir de 1987, su información ha sido experimentada y comprobada en la práctica durante décadas por personas de diferentes edades, culturas y países, verificando su precisión y consistencia en la experiencia individual.
La experimentación es uno de los pilares del método científico: una hipótesis se lleva a la experiencia para observar qué ocurre y contrastarla con los hechos. En Diseño Humano, la propia vida funciona como campo de experimentación, donde la información que muestra el gráfico se contrasta con lo que cada persona efectivamente experimenta.
Este carácter empírico fue determinante también en mi propio recorrido. Antes de decidir dedicarme profesionalmente al Diseño Humano, pasé más de un año sometiendo su información a un profundo escrutinio: primero en mi propia vida, después en mi familia y en las personas de mi entorno. Durante más de 15 años de práctica profesional continué corroborando su precisión y consistencia en miles de lecturas y a través de cientos de alumnos.
La certeza del Diseño Humano no requiere un acto de fe: se verifica en la experiencia. Tú mismo puedes comprobar la información que muestra tu gráfico en tu propia vida, observarla en los hechos y verificar su correspondencia con tu naturaleza, tus patrones, decisiones, talentos y experiencias.